Que no se me olvide: nada es para siempre

Muchos lo hemos visto una y otra vez: un chico conoce a una chica (o otro chico, o viceversa), se enamoran, se juntan, aman, sueñan, hacen planes… pasan los días y las cosas van cambiando. Luego viene el subi/baja, el toma/dame, el esto/lootro, el hoysí/mañanano. Y en eso pueden pasar años, sin cambios mayores.

Y después, un día cualquiera, alguno de los dos pone los pies en el piso, el piso está frío, el frío le cambia algo. Y no quiere más.

Pero cuando el otro se despertó, el piso no estaba frío, así que su corazón sigue igual. Y no entiende. No lo acepta, cuestiona todo, insiste. Pero el amor ya no está, se fue a otra parte.

Hoy vi repetirse esta historia, y pensé:

Hay tantos momentos en los que nos sentimos invencibles
tantas victorias futuras que asumimos como nuestras

Hay tantas diferencias que parecen superables y,
justo después, tantas tristezas que parecen insuperables

Hay tantas ilusiones que asumimos inagotables
tantas palabras que hemos dejado para después

Hay tantos momentos en los que el amor nos vuelve estúpidos
que lo olvidamos, pero no por eso deja de ser verdad:
nada es para siempre

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