Revolviendo todo, cerrando capítulos

Es un proceso complejo este de tener que revolver todo, decidiendo qué debo desechar, qué debo conservar y, sobre todo, qué me debo llevar en mi mudanza. Vuelo a Santiago con LAN Chile y sólo me permiten llevar una maleta de un máximo de 20 kg. Está claro que terminaré pagando sobrepeso, pero mi intención es pagar lo menos posible (obvio).

Lo curioso es que en medio del proceso de desocupar el apartamento y la oficina en donde hice vida durante los últimos años, han ido apareciendo libros, papeles, cd de datos y demás objetos curiosos que no sabía, o bien no recordaba, que aún tenía “a mano”. Esas cosas que emergen entre otras que debí botar hace mucho, hacen de éste un proceso más llevadero y, en el mejor de los casos, me dan ánimos para seguir adelante con mis planes.

mi primera grabadora, mis primeras entrevistasProbablemente, uno de los objetos más curiosos que reaparecieron en estos días, fue mi primera grabadora, acompañada fielmente por sus mini cassettes de cinta. Esa Aiwa, que mi mamá compró a finales de los 90 para ella, aún funciona, sólo hubo que sustituirle las baterías AA.

Con esa grabadora en mano y un vacío en el estómago que pocas veces he vuelto a sentir, hice mis primeras entrevistas para la universidad: grabé las voces de los miembros de la comunidad wayú que vivían en el Terminal de Autobuses de Valencia, le hice una entrevista de personalidad a mi profesor de filosofía, indagué la opinión política de la gente de a pie en las calles de Carabobo.

También me acompañó cuando empecé a trabajar como periodista en valencia.com.ve y tuve la oportunidad de contactar a gente que me resultaba menos accesible cuando era estudiante a secas. Con ella grabé, entre otras, las voces del pintor Braulio Salazar, de la maestra Nina Nikanórova y del torero Bernardo Valencia. Con ella reté al ex-presidente de la Fundación Teatro Municipal de Valencia al preguntarle por qué nuestro principal recinto teatral era excluyente (me hizo gracia comprobar que esa grabación todavía existe).

Dándole uso a esa grabadora decidí que sí, que definitivamente quería ser periodista. Pero como quería ser periodista digital, pues me convenía más una grabadora digital. Después de esa Aiwa he tenido al menos dos más, más modernas, más cómodas, más eficientes… pero menos significativas.

De cualquier manera, toda esta historia no fue suficiente para que la grabadora de mini cassettes consiguiera un espacio en mi maleta… Son solo 20 kg. y quiero que sean de futuro, no de pasado.

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