Labios negros sin sonrisa

Él no llega a los 30 y tiene la cara triste. No sólo los ojos, sino la cara entera. Se maquilla y se dibuja una sonrisa negra, que no parece sonrisa.

Trata de buscarse la vida en los parques, cambiando globos hechos figuritas por monedas. Se los ofrece a parejas que nunca encuentran cómo decirle que no, porque las parejas ya aprendieron hace muchos años a decir no a una rosa inoportuna o incluso a la mirada llorosa y ensayada de un niño; pero las parejas no han visto antes a alguien como él y cuando lo ven, se confunden. No dicen que no antes de que el globo esté inflado porque ni siquiera son capaces de adivinar qué está pasando.

Él se viste de negro. Para ser más precisos, no sólo se viste de negro, sino que completa el atuendo con un mensaje estampado en su camiseta, capaz de poner a más de uno a la defensiva: “Hoy NO atiendo a huevones”.

Además, él no habla. Así que cuando se acerca silencioso, con cara triste y camiseta amenazante e interrumpe la calma (o la magia) que envuelve a las parejas que se refugian en los parques, ellas se confunden y él aprovecha la situación y comienza a inflar su primer globo para darle forma.

El primer globo siempre trata de convertirse en perrito, pero no siempre lo parece.

Mientras él hace lo suyo, algunas parejas lo miran sin decir palabra y dejan escapar una que otra risa un tanto nerviosa. Ella (la que probablemente recibirá los globos en figuritas), luego de entender las intenciones del mimo-triste-que-infla-globos, lo que piensa es qué hará o en dónde carajo guardará al perrito.

Ahí, él comienza a inflar el segundo. No lo sopla porque invirtió en una pequeña bomba manual que le permite mantener intacta la sonrisa negra.

El segundo globo normalmente acaba teniendo forma de flor (o algo similar). Luego los junta. Y se los da a ella.

La pareja, incomodada, le entrega un par de monedas (algunos incluso un billete). Él dice “gr…” y recuerda antes de que sea demasiado tarde, que los mimos no hablan. Se inclina un poco. Y trata de sonreír… pero no puede. No puede porque se da cuenta que, contradiciéndose a sí mismo y a su camiseta, él se busca la vida atendiendo a huevones. Huevones enamorados a los que nadie aún les ha pintado los labios de negro.

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2 Responses to “Labios negros sin sonrisa”

  1. Javier Ernesto Farache

    Me gustó Laurita G…

  2. la mengana

    ;)

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